Maxi te cuenta todos los secretos de Toledo

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¡Hola Maxi! Por lo poquito que hemos podido ver de Toledo, nos hemos dado cuenta de que Martín es un chico valiente y de buen corazón, ¿qué tiene Maxi de Martín?
—Maxi tiene de Martín que si algo le gusta va a por ello y si no le gusta, fuera. Quizás no soy tan rencoroso como él, pero claro: no han matado a mi madre delante mío. Eso a Martín le sienta fatal, su vida va en función a eso.

¿Vamos a ver toda su historia en flashback?
—Sí, veremos mi pasado. Un poco igual que se hizo con Ángel en Los Protegidos, es bonito para entender esa maldad que es incluso lógica. Todos los personajes tienen su parte de razón, es lo que más me gusta de la serie.

¿Cómo te ves con esa ropa de hace siglos?
—Es diferente… No saldría con eso por ahí, je, je… Pero me ayuda a meterme en situación. Con las antorchas, la ropa, la espada, la capa… Lo de la espada me encanta, eso sí. De hecho, saldría una noche con ella. Te da más sex-appeal, ¡ja, ja, ja!

¿Has tenido que controlar el vocabulario para hablar con el castellano de época?
—¡Sí, sí! Hay que tener mucho cuidado, hay que hablar de usted y todo eso. Es gracioso, a veces llego a casa y sigo hablando así, ¡ja, ja, ja! Mis colegas me dan caña en eso.

¿Te has tenido que poner las pilas en Historia para hacer la serie?
—Me gustan mucho las series de época y cuando me dijeron lo de Toledo, dije: ¡qué chulo! Y sigo las pelis de época también y si encima de que te gusta, vas aprendiendo, te sirve.

¿Tienes dobles para las escenas de acción?

—Yo peleo por hacerlas yo, porque como espectador queremos ver que son los actores y somos muy exigentes. Sólo hay una escena que no pude hacer en el caballo porque no estaba del todo asegurado, pero el otro día por ejemplo en el Escorial, estaba el suelo helado, los caballos patinaban y dije: ¡lo hago yo! Siempre que puedo, lo hago yo. Me encanta.

¿Te has caído alguna vez?
—De momento no. Y lo de las espadas lo hacemos nosotros también. Tenemos un compañero especialista que nos enseña.

¿Y haréis bailes de época?
—Yo me he librado, hay un baile en la corte sobre el capítulo 3 pero yo estoy por ahí con Fátima.

¿Qué nos adelantas de tu historia de amor con Fátima?
—Que no es fácil. No os esperéis un beso en el minuto uno, es que es una locura de historia. Aunque me da miedo que el espectador lo vea como muy imposible, pero ahora que lo he visto es totalmente lógico porque están rodeados de personas y situaciones que te hacen que ver que realmente no era fácil un amor así.

¿Qué actitud toma Martín?
—Yo soy menos cauto, ella es más racional y dice que «esto no, esto no». Y yo soy el que digo: «Esto sí, esto sí». ¡Ja, ja, ja!

¿La quieres a pesar del odio que siente tu personaje hacia los musulmanes por todo lo que le hacen a su familia?
—Sí, pero el odio hacia los moros le pierde. Sin que él quiera, le sale al final.

Maxi, va, cuéntanos alguna anécdota de rodaje…
—Es que con Adrián y Jaime le damos mucha alegría al rodaje, porque si no hay mucho drama. Con estos dos granujas no podíamos parar de reirnos. Hacía muchísimo tiempo que no me pasaba de tener que cortar por reírme. Ves a Adrián que sólo con verle la cara, te ríes porque es muy gracioso. Molan estas secuencias porque hay muchas muy serias.

¿El ritmo de rodaje es más intenso que en otras series?
—Sí, es mucho más intenso. Es casi cine: los tiempos de cine pero con las prisas de televisión. Hay mucha calidad.

¿Tienes muchas secuencias?
—Sí y no. No soy prota pero no me quedo atrás. Tengo tramas con muchísimo peso.


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