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Historias de terror para contar



¿Prometer o vivir?

Esta historia viene de una promesa que jamás podré romper… Ocurrió la noche de Halloween del año pasado. Volvía a casa con mis padres y, al pararnos en un semáforo, vi una niña rubia de piel muy blanca esperando para cruzar. Y aunque era pequeña, nadie la llevaba cogida de la mano. Cuando iba a apartar la vista… ¡sus ojos azules se clavaron en mí! ¡Eran tan intensos que daban miedo! Antes de subir a casa, vi algo en una ventana de la casa de enfrente. Alguien miraba escondido entre las cortinas… ¡Me quise morir de miedo al ver que era la misma niña de ojos azules de antes! ¡Volvía a mirarme a mí! Esa noche me fui a dormir con su mirada grabada en la mente. Al llegar las 12 me desperté, una mano suave y fría me acariciaba la cara… ¡Era la niña! Paralizada, no pude decir nada… Ella susurró: «Venía a por ti, pero he visto tu alma… Si prometes recordarme cada noche de Halloween, no volveré a buscarte». Le dije que sí y al día siguiente pensé que todo había sido un sueño, hasta que vi la tele. Muy cerca de mi casa, una anciana había muerto y, al lado de su cuerpo, encontraron la foto de una niña… Era rubia y de ojos azules. Yo la había conocido esa misma noche…

La muñeca maldita

Mi abuelo era el único chico de 5 hermanas a las que le encantaba molestar. Un día, su broma le costó cara. Marta, la pequeña, tenía una muñeca de porcelana a la que adoraba. Una noche, mi abuelo se la quitó y la guardó bajo su cama pero, al meterla allí, a la muñeca se le perdió una pequeña medallita que llevaba. Al otro día, ¡Marta había desaparecido! Él pensó que se habría escapado a buscar la muñeca al río, pero fue allí y no la encontró. Volvió a su cuarto lleno de culpa ¡y casi se muere del susto! La muñeca estaba sobre la cama con una nota: «Devuélveme mi medalla y yo te devolveré a tu hermana». ¡Acabó buscando la medalla como loco! La encontró bajo la cama y se la puso a la muñeca. Entonces llamaron a la puerta, habían encontrado a Marta en el río. Había estado a punto de ahogarse. Mi abuelo le devolvió su muñeca y prometió que jamás se la quitaría. Pero cada mañana, al despertarse, la muñeca aparecía a un lado de su cama… Así jamás olvidaría lo ocurrido. Yo jamás hubiera oído la historia si aquel día no se me hubiera ocurrido tocarla. Mi abuelo me avisó, pero era tarde. Por cierto, la muñeca está ahí, detrás vuestro. Espero que a nadie se le ocurra tocarla…

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